¿PUEDO CONSEGUIR ESTABILIDAD EMOCIONAL EN MI RENDIMIENTO?

Son muchas las ocasiones en las que se habla sobre el rendimiento y las recomendaciones que debemos hacer y tener en cuenta para llegar a dar nuestra mejor versión, para llegar dar el alto rendimiento.

Probablemente, en las facetas de tu vida (actividad física, trabajo, proyecto de vida personal…) de alguna u otra manera, estás rindiendo y buscando el máximo rendimiento.

Cogiendo las palabras originarias del escritor francés, Louis Charles Alfred de Musset, “lo realmente importante no es llegar a la cima; sino saber mantenerse en ella”, te estoy invitando a que vayas buscando el paralelismo entre llegar a la cima y mantenerse en ella, y llegar al máximo rendimiento y mantenerte estable en él.

Propongo que vayamos desgranando estas palabras y concretando más lo que comparto contigo: no estamos hablando de qué factores debes tener en cuenta para la preparación en tu competición (o actividad profesional), sino de los aspectos psicológicos básicos que te van a permitir mantener tu estabilidad emocional durante la actividad que hagas, sea deportiva o sea laboral.

Iré haciendo analogías entre deportista y profesional de cualquier tipo de actividad, como puede ser un ingeniero, un fontanero, un abogado, un camarero, una estudiante, una directora general…, en definitiva, ¡cualquier persona que haga alguna tarea!

La gran mayoría de veces en las que un jugador se puede alterar durante su competición, ocurre inmediatamente después de cometer un error. Pero atención, el error no es el problema, puesto que, si lo paras a pensar, cometemos más errores que aciertos. ¿Dónde radica el problema entonces? Pues lo encontramos en que el jugador (o abogado) no se permiten fallar (“el próximo tiro es gol” “el próximo caso que tenga, lo gano sí o sí”), y claro, cuando ocurre el error o el fallo, se alteran, se ponen nerviosos, se pierde la concentración y se cae en un círculo vicioso que alimenta las probabilidades de volver a fallar. Los psicólogos decimos que cuando eso ocurre, has caído en una trampa psicológica.

Así, cuando un equipo o un profesional no acepta que perder o fallar entra dentro de las posibilidades, no estará preparado para cuando los acontecimientos se compliquen durante la jornada laboral, el partido o surjan adversidades.

Importante: si quieres ganar, debes estar preparado para poder perder. Te invito a analizar esto que digo (“poder perder”), y es que estamos hablando de asumir que perder es una posibilidad. Por supuesto que no queremos perder un partido, fallar un lanzamiento, perder una venta…, pero tener claro que eso puede pasar te hará estar alerta y mantener tu activación y concentración óptimas y adecuadas, y en caso de que llegue el fallo, el error, lo asumirás como parte del juego (como parte del proceso de venta), y no habrá alteración, enfados y tu concentración estará muy cerca de la estabilidad. Desde ese lugar de calma controlada, tienes muchas más opciones (que no certeza absoluta) de conseguir el resultado deseado. Como diría mi maestro Pep Marí, “controla lo controlable, y acepta lo incontrolable”.

Podríamos resumir lo dicho hasta ahora con que, mantener una mentalidad abierta a las posibilidades y no tanto en las probabilidades de conseguir un resultado, ayuda a mantener una estabilidad en el rendimiento y a que no haya frustración cuando las expectativas de resultado no se cumplan. Es decir, una cosa es la probabilidad de ganar o perder, y otra cosa muy distinta es las diferentes posibilidades que se pueden dar. Y esto querida amiga, lo podemos observar en cada acción/jugada/movimiento, etc…

Una jugadora de tenis hace un servicio de tenis y lo falla, cometiendo doble falta. ¿Esto puede ocurrir? Sí, puede pasar claro. Pero ya va a comenzar a pensar “ya he cometido antes una doble falta, y ya llevo dos, a ver si ahora no la cometo” (aquí ya no está bien concentrada, ya que está pendiente del futuro y del resultado). ¿Puede volver a cometer una doble falta? Por supuesto que sí, pero la jugadora ya no se da permiso. “No puedo hacer otra doble falta, incluso debería hacer un servicio directo”. Es decir, para el próximo saque, la jugadora espera un 100 % de probabilidades de acierto. En esta situación, la jugadora ha caído en una trampa psicológica, puesto que está claro que puede hacer un servicio directo, pero también puede volver a cometer una doble falta. La jugadora no está mentalmente preparada para que ocurra esto, y ni tan sólo para servir bien. Es decir, tiene más números de fallar que de acertar, porque es posible que no se tire la pelota a la altura adecuada, que no coordine los movimientos de piernas, que sirva con ansia…, y esté más pendiente de hacer el servicio directo que de hacer el proceso de servicio correctamente. Por tanto, si la jugadora comete de nuevo una doble falta, que además puede pasar, ¿dónde se encontrará ya psicológicamente esta jugadora?

Este ejemplo es muy habitual cuando hablamos de rendimiento, sea deportivo o en cualquier faceta. Después de caer en esa trampa psicológica, la jugadora ya no está en la mejor disposición psicológica.

En estas situaciones sería bueno que el entrenador, o incluso la propia jugadora, tengan la habilidad de recuperarse gracias a centrase en cosas que sabe que suman y en las que se siente segura (por ejemplo, una buena lectura de pelota, un buen drive, un buen movimiento de pies…). Es lo que se denomina “volver al campo base o jugar en modo seguro”, hasta que la jugadora se olvide de los errores y vuelva a estar con la activación y concentración adecuadas. De esta manera, volverá a jugar sin trampas mentales y con la cabeza clara, puesta en el juego y alejada de las consecuencias de hacerlo mal.

La invitación que hago, a los entrenadores o personas que lideren equipos de trabajo, para ayudar a sus jugadores o colaboradores con el objetivo de acelerar el proceso que les permita adquirir respuestas adaptativas ante las adversidades, deberá tener en cuenta los siguientes tres elementos que entran en juego:

1. ACTITUD

Instalarse en la lógica de las posibilidades y no de las probabilidades. Saber que todo puede pasar, prepara al profesional para buscar mejor aquello que persigue, pero por encima de todo, lo prepara para tolerar mejor la frustración en caso de que no ocurra y así mantenerse emocionalmente estable.

2. CONTROL DE LAS EMOCIONES Y LA CONDUCTA

Controlar la respuesta emocional o las acciones que se derivan del sentimiento de frustración, es decir, ser capaz de bloquear la respuesta negativa, parar el lamento, controlar las malas caras, los insultos, las quejas…
Llevar a cabo este control emocional y conductual nos aporta un beneficio triple: por un lado, nos permite tener una óptima activación/concentración y por tanto nos aporta mejor lectura del juego o actividad. Por otro lado, si tenemos este control nos permitirá ofrecer a nuestro rival la imagen de serenidad y control (Si piensas en Roger Federer, lo entenderás mucho mejor. Siempre mantiene el mismo rictus, acierte o falle.). Y, por último, si un jugador o profesional se descontrola, puede provocar que el resto de su equipo, pierda la confianza momentánea en él.

3. CONTROL DE LA CONCENTRACIÓN

Los entrenadores o líderes de equipos pueden ayudar a los jugadores a estar bien concentrados dando información útil sobre cómo jugar. En cambio, si lo que hacen es activar pensamientos como “no puede ser que…”, “has de…” o directamente reaccionan de forma negativa delante de cualquier error del jugador, lo que harán será activar la amenaza o el miedo de los jugadores, añadir presión para no fallar, y esto les llevará a caer en la trampa psicológica y como consecuencia, en la estabilidad emocional en el rendimiento.

Y así…, ¿te animas a conseguir la estabilidad en el rendimiento?
Estaré encantado de ayudarte.

Ángel Vergara
Manager en S&You y Human Resources Solutions, SYNERGIE ESPAÑA
@angelvergara77


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