Trabaja tu propia suerte y sé feliz

Hace muchos años que conozco a Paula, siempre he admirado su capacidad de resiliencia, de superación, su pasión por la vida, por el deporte y por inculcar a los demás los valores que nos hacen crecer como personas y como profesionales. Por eso, cuando hace más de un año me propuso compartir mi experiencia personal en su magnífico blog, un sentimiento de responsabilidad me invadió. ¿Cómo iba a poder yo, desde mi humilde experiencia, aportar conocimiento a las experiencias y a las grandes lecciones de vida que en este blog se relatan?

Es verdad que he tardado mucho Paula, pero con el tiempo me he dado cuenta de que, quizás, sí hay algo relevante en todo lo que he vivido durante estos últimos cuatro años y que ha llegado el momento de compartirlo con tus seguidores. Muchas gracias por la oportunidad, espero que sea de vuestro agrado y, sobre todo, que os sirva de reflexión sobre las prioridades que a veces tenemos en la vida.

EL HOCKEY COMO MOTOR DE VIDA

Llevo jugando a hockey desde que tengo uso de la razón. Siempre lo he hecho por diversión, compaginándolo primero con mis estudios y luego con mi carrera profesional. Hasta que en el año 2002 tuve que decidir: o el hockey o dedicar todos mis esfuerzos a crecer en mi carrera profesional.

"El hockey siempre ha formado parte de mi vida, pero en 2002 tuve que decidir: o jugar o dedicar todos mis esfuerzos a crecer en mi carrera profesional"

Y en ese momento no valoré nada más que no fuese el hecho de cubrir mis necesidades vitales, tenía que escoger lo segundo, estaba obligado a escoger lo segundo. El hockey no era más que la práctica de un deporte un par de veces a la semana, o al menos eso creía, mientras que de mi carrera profesional dependía toda mi vida. Fueron unos años duros, muy duros, trabajo, viajes, trabajo, nuevos países y más trabajo. Todo se ceñía al trabajo. Y es cierto que conseguí gran parte de mi objetivo profesional, pero no me sentía completo por dentro. Tenía un hueco que no sabía cómo rellenar. A pesar de que ocupaba gran parte de mi tiempo en el trabajo, la mente, esa que tantas veces no podemos controlar, me transportaba a tiempos pasados, seguramente mucho más felices, cuando me ponía las guardas y con un stick en las manos sentía que podía alcanzar cualquier objetivo que me plantease.

Así que a medida que fui afianzando mi carrera y que mi organización personal mejoraba exponencialmente, me invadía la necesidad de volver al campo de hockey. Lo necesitaba, tenía que volver a sentir esa sensación que sólo surge después de un entreno, en el tercer tiempo con los compañeros, o al finalizar un partido. Y puse todo mi empeño en volver a jugar, aunque eso significase alterar mi tan ordenado calendario semanal de aquel entonces. Me faltaba solo un mes para cumplir los 40 y había decidido que ese tenía que ser el momento de dar un giro a mi vida, de volver a ponerme al mando y de retomar todo aquello que había dejado a un lado pero que me hacía feliz, muy feliz. Empecé bloqueándome un día a la semana, los jueves, esa tarde sería para mí y para el hockey. He de confesar que los primeros jueves cancelé todos los entrenos, siempre me surgía algo que pensaba que era importante y que me impedía poder ir finalmente al campo. Así pasaron varias semanas, lo confieso, nunca podía ir a entrenar, siempre me surgía algo que hacer los jueves. Pero en el momento en el que uno de esos jueves lo hice posible, en el momento en el que volví a entrenar una fría tarde de invierno, casi lloviendo, mi vida dio un vuelco radical. Por fin había vuelto a coger el stick, a ponerme las guardas y a defender la portería de mi equipo de siempre, el Real Club de Polo. Ese día, después de tantos años, tuve las mismas sensaciones que cuando un niño empieza a entrenar: emoción y nervios a partes iguales. Y ese día supuso un antes y un después en mí: se había acabado cancelar los entrenos de los jueves, nada era tan urgente como para que no pudiese esperar al día siguiente, adiós sedentarismo y bienvenida vida saludable. Mis prioridades, al fin, habían empezado a cambiar.

"El arte de enseñar es el arte de ayudar a descubrir a los más pequeños lo mucho que tienen que vivir."

VUELTA A SER FELIZ
En poco tiempo mi vida pasó de ser trabajo, trabajo y más trabajo, a trabajo, hockey y familia. No os podéis ni imaginar lo mucho que abandonamos en el camino durante toda esa época, que por otro lado reconozco que es absolutamente necesaria, en la que dejamos de lado aquello que nos hace realmente feliz, en mi caso, el hockey y la familia, por el trabajo. En cuanto empecé a entrenar estaba deseando que llegase un nuevo jueves para saltar al campo y pasar dos horas entre compañeros, rivales y amigos. El cuerpo se acostumbra muy rápido a la práctica del deporte, a estimular la liberación de endorfinas, esas sustancias químicas que nos ayudan a aliviar la ansiedad, el estrés, y que nos mejoran sin duda nuestra calidad de vida. Es verdad que entrenar me llenaba de felicidad pero hacerlo de forma tan esporádica, sólo un día a la semana, no era suficiente para mí, siempre tenía ganas de más.

En ese momento me interesé mucho por mejorar deportivamente, por cómo hacer del deporte un motor prioritario de mi vida. Leyendo muchos artículos me di cuenta que estaba atravesando una época vital fundamental, además, con la fortaleza mental suficiente como para tomar otras decisiones que, sin duda, iban a ayudarme a dejar atrás malas costumbres y ganar, sobre todo, en salud. Por eso dejé de fumar, cambié hábitos de alimentación –descubriendo la RealFood-, complementé los entrenamientos con el equipo con sesiones específicas para porteros y adquirí nuevas rutinas de Pilates para unir la fuerza muscular que estaba ganando con el control mental, el control del CORE, la respiración y la relajación. Y para todo, absolutamente para todo saqué tiempo en mi agenda. Querer es poder.

Son cambios que escritos parecen sencillos, pero llevarlos a cabo cuesta, y no solo tiempo también dedicación, constancia y perseverancia. Pero si hay algo que me define como persona es justamente eso, mi absoluta disciplina cuando tomo una decisión. Y había tomado la mejor de las decisiones posible: volver a ser feliz.

"Hace cuatro años decidí volver a jugar a hockey, hace cuatro años decidí volver a ser feliz".

Hace cuatro años pasé de vivir sólo para trabajar a trabajar para vivir y vivir para entrenar y disfrutar. Cuando antes sólo tenía tiempo para trabajar, ahora tengo tiempo para trabajar, entrenar, complementar mis entrenos y dedicarle tiempo a mi familia y a mis amigos. Creo que la felicidad es algo parecido a esto. Y cuando uno es feliz y trabaja por conseguir sus sueños, llegan las recompensas. A mí me llegó cuando la Selección Española +40 me llamó para jugar mi primer torneo. ¡Yo en la selección española de hockey! Pero eso es otra historia y, si Paula quiere, os la contaré en el siguiente artículo.

Todo esto no hubiese sido posible sin la ayuda, el apoyo, la comprensión y los espaldarazos de muchas personas, todas ellas muy importantes para mí. Pero quiero dar especialmente las gracias a mi entrenador de toda la vida, Lluís Casas, que me animó como nadie a volver a jugar.

"Con sólo 10 años ya estaba bajo las órdenes de Lluís Casas, mi entrenador de toda la
vida. No solo nos enseñó a jugar a hockey, también nos enseñó a crecer."

Al capitán del Diagonal HC en ese momento, José de Abadal, por su apoyo incondicional, así como a todos los jugadores del equipo que me acogieron como uno más desde el primer día.

"Para mí lo importante nunca ha sido convertirme en el mejor del equipo, si no que mi equipo sea el mejor."

Y, cómo no, a mi familia, por aguantarme y apoyarme en los buenos pero sobre todo en los malos y regulares momentos.

Espero que esta experiencia de vida os haya servido para daros cuenta de que, a veces, lo urgente no es siempre lo importante y que, si se quiere y se pone todo nuestro empeño, hay tiempo para todo, sobre todo, para ser feliz. Trabaja tu propia suerte y sé feliz.

Jaime Ozores
@jaimeozores


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