SKELETON

La vida me llevó a conocer a Paula en un proyecto profesional, una de sus mil aventuras de cómo gestionar las redes sociales. Sabía quién era porque todos los que amamos los deportes de invierno tiene un padre que es una leyenda en el mundo de la nieve. Todos soñamos con acercarnos un poco a ese escalón del podio Olímpico.

Me pidió que hablara de lo que siento en mi vida y por qué hago skeleton. Ese deporte que cada vez menos gente desconoce y que me tiene robado el corazón. Podréis encontrar mis aventuras en el libro que escribí en 2014, Rompiendo el Hielo, de Plataforma Editorial. No es una autobiografía, no creo en ellas, es un libro de aventurillas para llegar a los juegos Olímpicos..

A día de hoy tengo 34 años y me siento como un niño grande, soy feliz con lo que estoy haciendo y viviendo y Paula me pidió que explicara el porqué. Mis mejores recuerdos cuando era niño eran en el colegio. Aquellos partidos interminables donde sólo la sirena que anunciaba el fin del recreo o el que marque el último gol gana era momentos únicos. Los fines de semana cuando mi padre me llevaba a jugar fútbol con el equipo de toda la vida. Me fui haciendo mayor y me pasé al atletismo, allí esperaba el final de las clases para ir a correr, saltar o lanzar. En la universidad empecé a faltar a mis clases de ingeniería agrónoma para entrenar más horas al final cambié de carrera para cursar ciencias de la actividad física y el deporte. En todos esos momentos no había nada más, sólo ese instante. Yo y el partido con los amigos, mis series de dos cientos o la pértiga y yo. No existía nada más en el mundo. He ido creciendo y cada vez más valoro esos momentos donde mi mente está en ese momento y mi sonrisa brilla a pesar de no sentir las piernas. Esa felicidad es la que me hace sentirme con un niño y capaz de hacer cualquier cosa por sentirme así.

Yo le llamo SOÑAR DESPIERTO, porque si alguien le explico lo que os he contado a vosotros me tomará por un loco. Para SOÑAR hay que tener un objetivo, un sueño por cumplir. Yo tenía el de ir a unos Juegos Olímpicos…nunca fue lo suficientemente bueno en atletismo y un día conocí el skeleton. Lo probé y tuve un flechazo, si tenía dos cosas únicas velocidad (bajamos a 140Km/h) y empujar un trineo como un velocista (parte que me encantaba del atletismo). Así empezó el camino hacia el sueño Olímpico, con un flechazo. Luego vino la parte mágica: decidir. Decidí invertir todo el dinero que tenía ahorrado para comprarme un coche en el skeleton. Quería luchar con todo y más. La búsqueda de sponsors, más de cincuenta NO y sólo tuve un SI, ahora la familia de MUNICH me cuidan como si fuese uno más en la oficina. En su momento tuvimos que construir unas zapatillas para competir ya que no teníamos recursos. He conducido desde Barcelona al centro de Europa, Innsbruck, K¨nigssee, Altenberg, Saint Moritz…sólo, con el la idea de luchar por ese sueño Olímpico.

Temporada que pasaba me acercaba más hasta que un día sufrí un accidente, bastante grave. Tuve que mentir al médico para competir, pero no fue por competir, fue por luchar por el sueño Olímpico, quería esos puntos pero sobre todo quería luchar contra el miedo. Cuando uno se cae debe levantarse, allí decidí que yo quería ir a los JJOO y daría lo que fuese. Mi madre me vino a recoger para llevarme a casa y le dije, que lo sentía. Que sé que había recorrido 1000km pero que yo me quedaba…y así hasta mis primeros Juegos Olímpicos. Vancouver 2010, brutal la experiencia pero cuando crucé por última vez la línea de meta y abracé a mi familia que estaban allí…me vino el bajón. Estaba en el vestuario recogiendo todo y dije: ¿Y ahora qué? Así acabó el sueño y aprendí que yo era feliz luchando por mis sueños, no cumpliéndolos. El camino, las aventuras, los No, las desilusiones, el esfuerzo….ese era mi recreo. La sirena sonaba cuando cruzaba la meta y se acababa ese sueño. La gente me pregunta si he tenido miedo, en un circuito mucho respeto alguna vez muchísimo pero sí que tengo miedo a una cosa: A no ser feliz con mi camino, como lo soy ahora.

Así que runners disfrutad de cada metro, cada km, de cada apoyo porque cuando crucéis la meta se habrá acabado. Y no dejéis de ser niñas o niños, es lo que da sentido a la vida.

Ander Mirambell Viñas
www.andermirambell.com
@AnderSkeleton


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