ANYTHING IS POSSIBLE / TODO ES POSIBLE

Empezaba el año 2018 muy ilusionado con una planificación muy centrada en Triatlón (2 Ironmans, 1 half Ironman y 2 Dobles Olímpicos) y con un objetivo claro: mejorar mi marca en Ironman con el punto de mira en intentar romper la barrera de las 9h 30 min.

El año 2017 me había dejado muy mermado físicamente. Una temporada muy dura que finalicé en octubre acabando una de las carreras de 100 millas más duras del mundo, la Diagonale des Fous en la Isla Reunión.

Mis tendones de Aquiles pedían descanso, pero no tenía mucho tiempo que perder. La recuperación no fue fácil y no empecé a correr sin molestias hasta prácticamente finales de año. Además, se presentaba un año difícil por la logística familiar y el trabajo. Iba a disponer de menos horas y la gestión del tiempo iba a ser clave. Así que el reto de afrontar dos Ironmans el mismo año se aventuraba cuanto menos complicado.

Había dejado atrás un invierno duro y la primavera lluviosa no estaba poniendo las cosas fáciles. Muchos entrenamientos a horas intempestivas, con lluvia, frío, pero había algo que se mantenía infranqueable; mis ganas y motivación por superarme. Llegó mayo y me presenté en el IRONCAT (Campeonato de Cataluña de larga distancia) con un buen pico de forma gracias a mi entrenadora Ivet Farriols. Pero no pudo ser, aquel día fue el más caluroso del año y mi cuerpo sin adaptación a las temperaturas altas lo pagó en la maratón. Es el peaje que pagas por tener que entrenar a horas donde el sol aún duerme. No obstante, conseguí una buena marca (9h 46 min) y un octavo puesto en la categoría de veteranos que me dio alas para preparar el IRONMAN de VICHY de finales de agosto.

Foto con Ivet Farriols, mi entrenadora

A medida que pasaban los meses me iba encontrando mejor. Entrenar en verano tiene el hándicap de las altas temperaturas, pero una ventaja vital para mí, muchas más horas de sol y mejores condiciones para entrenar. Mi moral estaba por las nubes, pero sabía que no podía bajar la guardia si quería llegar en condiciones óptimas al día D. Eran muchos los días donde el agotamiento me hacía pensar en que era mejor dejarlo todo, pero por el contrario eran esos días donde mejor rendimiento ofrecía. Ivet me animaba continuamente y priorizaba mi descanso cuando veía que el estrés me empezaba a pasar factura en la musculatura.

El último test antes de VICHY llegó en Julio en el HALF IRONMAN de MEQUINENZA (Campeonato de Aragón de media distancia). Estaba haciendo una carrera impecable, pero faltando 30 km para acabar el sector bici, una caída tonta en un avituallamiento al coger un bidón de agua acabó de nublar el cielo de aquel día. En el suelo pensé que se había acabado todo. Al incorporarme vi que no tenía nada roto, mi codo sangraba, pero eso no era problema, el problema era que el manillar de carbono de mi bici se había doblado por la maneta de freno izquierda. Lo enderecé como pude y con mucho cuidado de no apoyar el peso para que no acabara de partirse, dejé que la rabia hiciera el resto. Conseguí llegar al box sin perder mucho tiempo y empecé a correr como si no hubiera un mañana. Llegué a meta el cuarto de la categoría Veteranos, pero aquella “medalla de chocolate” me dio el empuje suficiente para afrontar el último mes de entrenos duros antes del gran día.

A principios de agosto llegaron las deseadas vacaciones coincidiendo con las dos semanas de bajada de carga. Poder dormir más y mejor y tener tiempo para relajarme situó mi cuerpo en unas condiciones inmejorables para competir. La única incógnita era saber qué condiciones meteorológicas nos encontraríamos el día de la carrera. Sorprendentemente los días previos las temperaturas en VICHY bajaron considerablemente hasta tal punto que se permitió la natación con Neopreno. Esto me animó bastante porque sabía que con neopreno podría rascar unos minutos al crono. Y así fue, salí del agua en 1h 3 min y empecé a pedalear sabiendo que aquel podría ser un gran día.

Hice un sector de bici muy constante y conseguí bajar de las 5 h. Así que empecé a correr la maratón sabiendo que había margen para cumplir el objetivo de bajar de las 9h 30 min.

Desde el primer Km noté que tenía energía suficiente para mantener el ritmo que teníamos planeado. Era cuestión de no bajar la guardia a lo largo de las cuatro vueltas al circuito de 10,5 km. Pero un Ironman es un Ironman y es imposible no tener altos y bajos a lo largo de la prueba. Mi muro esta vez empezó en el Km 30, noté que me apagaba por momentos, mi estómago ya no toleraba más geles y sabía que llegaría a meta apurado. En esos momentos vi a mi mujer e hijos que estaban esperando sentados en el césped al lado del circuito. Pensé que no me podían ver derrotado y sin saber como empecé a correr más rápido para saludarles. Eso me dio energía extra para coger la última pulsera y afrontar la última vuelta diciéndome a mí mismo: “Miki hoy no puedes fallar”. Empecé a restar Kms y cuando ya vi que pasaba por el km 40, unas ganas irrefrenables de llorar se apoderaron de mí. Entrar a la zona de meta y ver como estaban las gradas de gente animando hizo el resto.
Crucé la meta en 9h 22 min.

Sabía que tenía que estar delante pero no tenía ni idea de la posición que podía haber hecho. Mi objetivo se había cumplido con creces. Otra barrera más que había conseguido romper. Fue ya en la zona de avituallamiento que un Belga se me acercó y me dijo: “Congratulations” y yo con mirada incrédula le dije: ¿Por qué? El mirando a mi dorsal dijo: “Porque has quedado tercero de la categoría” y yo estupefacto le dije: ¿Y tú como lo sabes? A lo que él respondió: “Porque yo iba tercero y me has adelantado”. En aquel momento no supe que hacer, si reír, si llorar, si saltar. Si eso era verdad había hecho pódium de la categoría y me había clasificado para el Campeonato del Mundo de IRONMAN de 2019 en KONA Hawái. Luego un amigo lo comprobó por el móvil y yo lo recomprobé leyendo los más de 500 mensajes de Whattsapp que tenía de todos los amigos y familiares que habían estado siguiendo.

En aquel momento fui consciente de lo que había conseguido, fui consciente que a veces los sueños se hacen realidad y que como reza el lema de la franquicia IRONMAN “Anything is posible”.

MIKI BARRERO
@mikibarrero
Never ever give up!


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